El proyecto del Colegio de Arquitectos de Santa Fe es resultado de un concurso fallado en 1999, proyectado en 2005 y construido entre 2008 y 2010 y habla de una voluntad expresa de los arquitectos de contar con un edificio que se haga cargo tanto de la expresión de lo disciplinar como de la mediación entre el espacio público y el privado (el espacio de la ciudad y el espacio de los arquitectos vinculados en lo funcional y lo simbólico). El contexto urbano y la orientación poniente de la fachada exponen al edificio a las condiciones más severas del clima de Santa Fe. Consistente con la fachada continua de la calle, un gran plano plegado de hormigón conforma fachada y cubierta de un atrio permeable que es preámbulo del edificio interior. Esta placa de hormigón, dilatada asimétricamente de sus bordes que no se apoya en el frente y flota sobre la acera, está sostenida por una estructura de tubos de acero que tensionan el espacio. Son puntales que, dispuestos en un orden aparentemente caprichoso, dan orden, escala y sentido al atrio que vincula la placa de hormigón perforado con el edificio blanco y transparente de la sede. Este espacio de transición resuelve la relación interior-exterior con una conformación memorable que combina límite y continuidad, luz y sombra que es abrigo y protección. La estructuración es interesante: muy esbelta y libre, recuerda los palillos del mikado antes de dejarlos caer, sostenidos por fuerzas que reconocemos estables porque responden a nuestro control. Así, las fuerzas equilibradas que sostienen esta estructura de hormigón y acero, responden al mejor control del saber estructural que es, también, parte del orden y del saber de los arquitectos. Hay una interesante secuencia de fotografías y planos de detalle que explican muy bien algunas decisiones constructivas: las conexiones rígidas, estructuras mixtas (las columnas rellenas de hormigón) las enfierraduras de los nudos entre columnas y la placa de hormigón, todo es ilustrativo. En síntesis, un proyecto que habla muy bien de la arquitectura y de los arquitectos argentinos y que se agradece.
F. Pfenniger
Ubicación:
Arquitectura:
Dirección de obra:
Ing. estructural:
Colaboradores:
Constructora:
Sup. terreno:
Sup. cubuierta:
Año:
Fotografía:
Web:
Santa Fe, Argentina
BIAGIONI / PECORARI Arquitectos
Gabriel Biagioni, José Giolongo, Javier Mendiondo, Sergio Pecorari, Luis Pessoni,
Ramiro Piva
Gabriel Biagioni, Luis Pessoni, arqs.
Damián Botto, Enrique Chiappini, Ings.
Alejandro Moreira; Martín González, Daniel Imhoff,; Lucas Condal, Virginia Pachoud, Pablo Aranda, Fabio González, Soledad Surín, arqs.
CAM S.A.
315m2
765m2
2008-2010
Federico Cairoli.
www.biagionipecorari.com.ar
El Colegio de Arquitectos debe ser la casa de los arquitectos, el espacio donde confluyan. Un lugar de encuentro y de articulación entre los diferentes actores que participan en nuestra disciplina. El espacio arquitectónico emerge como la pieza fundamental para la generación de esa confluencia.
Un gesto inicial -un plano plegado- se transformó en un elemento que configura ese espacio de confluencia. Desde una situación bifronte, ese elemento estructural que toma forma y cuerpo constructivo anuncia, por un lado, la generación de un espacio al interior del edificio y, por otro, una apertura hacia el espacio público del centro histórico de Santa Fe. Se convierte así, pliegue y espacio, en un dispositivo de transición entre la arquitectura y la ciudad. Hay un primer límite, preciso, contundente, una tapa que reconstituye la escala urbana, que contiene lo que sucede a partir de ese punto, un microclima autónomo desde sus formas, una sucesión de espacios drenantes.
Esta obra participa en el acontecimiento urbano en el que se encuentra como una pieza de continuidad de la escala del tejido edificado, pero genera además una clara ruptura desde lo perceptual, tecnológico y formal.
Desde lo ambiental la pieza de hormigón visto responde a la noción de generar una situación ambiental de mitigación del sol del oeste, que en el caso de Santa Fe es la orientación con incidencia climática más extrema en nuestros veranos calurosos. Además de ser la imagen de la institución, esta pieza de hormigón actúa como un dispositivo que gradúa y administra la incidencia de los rayos solares que se introducen ya destilados hacia el interior del edificio.
Una trama tridimensional de espacios de encuentro estructura las unidades funcionales, respetando un principio de flexibilidad permanente en todo el edificio. En el segundo nivel, se abre a través de la medianera una conexión que integra el nuevo edificio a las oficinas anteriores del colegio que mantendrán usos vinculados al mismo. Pocos materiales, nobles, contundentes dan la noción de permanencia e intemporalidad.
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